‘Mary Shelley’ de Haifaa Al-Mansour: Una simplificación perniciosa.

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Al escribir el guion de la película ‘Mary Shelley’ (2017), Haifaa Al-Mansour y Emma Jensen parecieron decantarse por la teoría de que toda la inspiración que motivó a Mary Shelley a escribir su obra maestra, ‘Frankenstein,’ se habría derivado de los sentimientos de soledad y abandono experimentados por ella debido a la relación de Percy B. Shelley con su hermanastra Claire Clairmont, y asimismo al abandono de Claire por parte de Lord Byron.

En este post espero aclarar que este reduccionismo sentimentaloide y forzado de lo que en realidad fueron una compleja variedad de motivaciones y experiencias vividas por la propia Mary en aquellos años, hace poco por impulsar, forzándolo mediante la representación del papel de Percy B. Shelley como el de un villano superficial y alcohólico – que ciertamente él no fue: no he hallado en ningún material biográfico ninguna referencia a que a Percy se le fuera la mano con la bebida -, el mensaje feminista que necesariamente se debe derivar de la propia vida de la autora sin necesidad de manipulaciones.

Para empezar, y centrándonos en las motivaciones que podrían haber inspirado ‘Frankenstein,’ Lyndall Gordon en su breve biografía de Mary Shelley en el volumen ‘Outsiders. Five Women Writers Who Changed The World,’ defiende la teoría de que la experiencia vital de la cual Mary habría derivado los sentimientos de abandono que la llevaron a crear la figura del monstruo de su obra maestra habría sido no tanto la infidelidad de Percy – aunque esto también la hizo sufrir – como su huida con el propio Shelley – por aquel entonces un hombre casado – y Claire a Europa en 1814, con 16 años, porque de esta manera ella hubo de sufrir el absoluto rechazo y la condena de su padre William Godwin y también el muy severo ostracismo por parte de la sociedad londinense.

El caso es que la puramente romántica huida de Percy B. Shelley con Mary Wollstonecraft Godwin y Claire Clairmont a Europa el 28 de julio de 1814 se pasa completamente por alto en esta adaptación cinematográfica. En la película, la maravillosa historia realmente vivida por Percy y Mary se vuelve prosaica y vulgar: huyen a un apartamento mugriento en Saint Pancras. Pero en la realidad, cuando Percy llegó en un carruaje en la noche para llevarse a Mary y a Claire del hogar paterno, su destino era Dover y, de allí, Calais y luego París. Así fue como en realidad se inició su historia de amor.

Pero si nos retrotraemos al principio de la película, es probablemente cierto que la mala relación de Mary con su madrastra, Mary Jane Vial, la madre de Claire, fuese uno de los motivos de la estancia de Mary en Escocia en 1812 (tenía 14 años, no 16, como se dice en la película), pero es totalmente falso que Mary conociese a Percy Shelley en la casa de los Baxter. El caso es que fue durante esta ausencia de Mary cuando Percy se presentó por primera vez en el número 41 de Skinner Street, donde William Godwin tenía su librería. Es por lo tanto falso que, como se ve en la película, Percy hubiese llegado allí persiguiendo a Mary. El motivo inicial de Percy para acercarse a William Godwin no fue otro que la admiración de su trabajo y la influencia en especial su obra ‘An Enquiry Concerning Political Justice,’ en la que Godwin denunciaba prácticas sociales como el monopolio de la propiedad, el matrimonio y la monarquía y que había influenciado su escritura conjunta con su amigo James Hogg en 1810 en Oxford del panfleto ‘The Necessity of Atheism.’ Como Mary estaba en aquel momento en Escocia, no llegaría a conocerla hasta tiempo después de haberse presentado en Skinner Street.

Pero cuando Shelley llegó a la puerta de Godwin en 1812, Godwin había suavizado sus posturas políticas, en parte por la constatación de la sangría en que derivó la Revolución Francesa, y la agitación de Shelley a favor de la rebelión en Irlanda le parecía muy atrevida, por ejemplo.

Alguien muy importante en sus vidas en aquel tiempo, y que ha sido eliminada de la película, es la medio hermana de Mary, Fanny, la hija que tuvo Mary Wollstonecraft con Gilbert Imlay antes de conocer a Godwin. Mientras Mary estaba en Escocia, a donde viajó en dos ocasiones en este tiempo, Percy y Fanny intimaron, hasta el punto de que Fanny fue enviada de vacaciones a Gales el 23 de mayo de 1814 para alejarla del poeta.

Mary regresó de Dundee en marzo de 1814 y sus desavenencias con su madrastra volvieron a sucederse. En este tiempo Mary hallaba consuelo pasando el tiempo junto a la tumba de su madre en el cementerio de la iglesia de San Pancras. Fue a partir de mayo que Percy empezó a fijarse en ella. Comenzó a visitar la librería cada vez más asiduamente e incluso se alquiló una habitación para alojarse en una dirección cercana.

El 26 de junio de 1814 se encontraban ambos en el cementerio de San Pancras junto a la tumba de la madre de Mary cuando Percy y Mary declararon su amor mutuo. Es importante recalcar que Mary y toda la familia supieron desde un principio que Percy estaba casado con Harriet y que tenían una hija, Ianthe. En sus primeras visitas, en 1812, Percy había acudido a cenar algunas veces con su mujer. En la película, sin embargo, se cuenta que Percy había ocultado este matrimonio a Mary y a su familia con el propósito de seducirla. La realidad es que no hubo ningún atisbo de engaño en Percy. Mary, cuando le confesó su amor en el cementerio de San Pancras, era perfectamente conocedora de que Percy estaba casado y tenía una hija pequeña.

Con su natural sinceridad, Percy comunicó inmediatamente a Godwin su intención de unirse sentimentalmente a Mary, esperando, inocentemente, que Godwin lo aceptaría debido a su enérgica condena de la institución del matrimonio en ‘Political Justice.’ Pero Godwin, a pesar de que en aquel momento dependía económicamente de las inyecciones de capital de Shelley a su negocio editorial, pidió a Shelley que volviese con Harriet y salvase la reputación de su hija y les prohibió verse. En aquellos días, Mary comenzó a dudar sobre la conveniencia de continuar su relación con Percy al conocer que Harriet estaba embarazada del segundo hijo de ambos, concebido probablemente poco antes de que Percy se enamorase de Mary. Como respuesta, Percy se tomó una sobredosis de láudano. Pero el destino se interpuso para reunirles. Mary descubrió que estaba embarazada, y este fue el detonante de la huida de Percy, Mary y Claire en la noche en un carruaje con destino a Europa (aunque Claire no sabía aún en este momento que Mary estaba embarazada).

Así, mientras en la película de Haifaa Al-Mansour, Percy y Mary huyen con Claire a un piso mugriento donde leen libros y beben burdeos sin parar, la realidad es que Percy, Mary y Claire paseaban por las Tullerías y Percy comenzaba a ocuparse de la educación literaria de Mary. De París se dirigieron a Suiza. En su huida se habían llevado los libros escritos por Mary Wollstonecraft y William Godwin, que releían en voz alta continuamente. En especial los libros de Mary Wollstonecraft, en los que defendía la aparición de una nueva mujer emancipada de las convenciones sociales, les influenciaron a los tres. En sus viajes europeos de 1814, de posada en posada, creían estar llevando a la práctica los sueños emancipadores señalados por los padres de Mary Shelley en sus obras.

Al viaje no le faltaron sus penurias. Los pueblos de Francia estaban desolados como resultado de las guerras napoleónicas, y era difícil encontrar agua. En Suiza tomaron un barco para subir por el Rin, hasta llegar a la costa holandesa, cuando apenas ya les quedaba dinero.

De regreso a Londres, cogieron habitaciones en Cavendish Square. William Godwin se negaba a recibir a Mary e incluso prohibió a su hermanastra Fanny que fuese a visitarla. Las antiguas amistades de Mary ahora la ignoraban, incluida Isabel Baxter, su amiga escocesa. Mary se refugió en los libros, sobre todo en los dramaturgos griegos, y Percy ayudó a Mary a aprender griego.

Percy empezaba a necesitar recurrir a los préstamos. Era heredero de una fortuna a la que todavía no tenía acceso. Es cierto que Percy creía firmemente en el amor libre, y que animó a Mary a que tuviese relaciones con su amigo Hogg, que ella rechazó, pero no es cierto que la negativa de Mary provocase una discusión entre ellos ni habría sido en ningún momento posible que, tal y como se ve en una muy falsa escena en la película, Percy se hubiese encarado con ella por su negativa o la hubiese tildado de “hipócrita.” No consta en ningún documento biográfico que Percy nunca tuviese una sola pelea o malas palabras con persona alguna en su vida, sin embargo, en la película es un bravucón.

No fue hasta este tiempo que Claire supo que Mary estaba embarazada. Asustada por las posibles consecuencias, decidió regresar al hogar familiar, temiendo convertirse, como Mary, en una mujer rechazada por la sociedad. Pero sólo estuvo allí tres días. Fue en este tiempo cuando Claire decidió convertirse en una heroína romántica y vivir una vida de aventuras, y cambió su verdadero nombre, Jane, por el de Claire.

Aquel otoño Percy tuvo verdaderos problemas económicos y se vio obligado a ocultarse de las autoridades por no pagar sus deudas. La separación intensificó el amor de ambos. Percy le enviaba poemas de amor en griego. Cada uno admiraba profundamente el intelecto del otro. Es absolutamente falso, como se sugiere en la película, que Percy fuera condescendiente respecto a la inteligencia de Mary. Siempre intuyó el genio de su mente, y él prácticamente completó la educación de Mary que había comenzado Godwin.

Es en este momento cuando Lyndall Gordon sugiere que precisamente la tragedia del monstruo de Frankenstein, la tragedia en que se convierte su abandono, se hubiese originado en este ostracismo que Mary sufrió, soltera y embarazada de un hombre casado, en el Londres de la Regencia, cuando ninguna de sus amistades se dignaba a reconocerla y su propio padre no contestaba a sus cartas. Aunque las infidelidades de Percy seguramente la entristecieron, la verdadera tragedia de su vida fue el ostracismo social.

El argumento de la película de Haifaa Al-Mansour es una simplificación demasiado perniciosa de lo que significó la experiencia vital de Mary y su amor por Shelley. Para presentar a Mary Shelley como una heroína feminista no era necesario manipular el carácter del personaje de Percy B. Shelley para presentarlo como un villano egoísta. El verdadero mal que sufrió Mary fue su ostracismo social por unirse a un hombre fuera del matrimonio. Su padre William Godwin, desde el momento de la huida de Percy con Mary y Claire en 1814, no la admitía en su casa ni contestaba a sus cartas. Es por esto que Lyndall Gordon aventura la interpretación de que la verdadera inspiración detrás de la tragedia de soledad del monstruo se hallaría en este periodo en el que el padre de Mary, su “creador,” la rechazó a ella, su “criatura,” igual que Victor Frankenstein rechaza al monstruo que ha creado.

Es cierto que en diciembre de 1814, cuando Mary estaba embarazada de seis meses, asistió a una conferencia sobre los experimentos con la electricidad, que más tarde influiría su historia sobre la creación del monstruo. Es falso, como se ve en la película, que en esta conferencia conociesen a Lord Byron.

Lo que sí ocurrió por este tiempo, aunque tampoco se menciona en la película, es que el abuelo de Percy falleció. Su padre, Sir Timothy Shelley, adquirió una considerable herencia y otorgó a Percy una renta de mil libras al año. De este modo, Percy pudo destinar parte de sus fondos a la manutención de Harriet. Además, entregó al padre de Mary, que aún no les hablaba a ninguno de los dos, la cantidad de mil libras para ayudarle con sus deudas. Y éste aceptó el dinero a pesar de no hablarles ni reconocerles socialmente.

El 22 de febrero de 1815 Mary dio a luz a una niña prematura que falleció a los diecisiete días. Esta niña no llegó a tener nombre, y no murió, como se ve en la película, porque Percy obligase a Mary a huir de los acreedores con ella en sus brazos bajo la lluvia, sino que murió por las complicaciones derivadas de ser un bebé prematuro.

Es cierto que durante este embarazo de Mary, Percy probablemente comenzó a tener relaciones con Claire. Es probable, aunque no está atestiguado, que Claire se quedase embarazada de Percy, bien en este momento o, más tarde, durante sus viajes en Italia. En este tiempo, en mayo de 1815 se retiró a vivir sola en una cabaña de un alejado pueblecito costero. Quizás Clarie tuvo que alejarse un tiempo para aplacar la furia de Mary.

Viendo que su relación con Percy no iba a prosperar, Claire puso su objetivo en Lord Byron. Había escrito una novelita sobre una “mujer liberada,” y se la envió a Byron para conocer su opinión de su valor literario. La novelita se titulaba ‘Ideot,’ y estaba en parte inspirada en Mary Wollstonecraft y en Mary Godwin, a las que Claire trataba de imitar. Lord Byron prestó atención a Claire debido a su conexión con Shelley, un poeta al que Byron admiraba. En la película, Claire y Byron simplemente se conocen en un teatro. La realidad fue más novelesca.

En aquel tiempo Lord Byron empezó a sentirse acosado por el escándalo del incesto con su media hermana Augusta Leigh, y hubo de marcharse de Inglaterra. Partió el 25 de abril de 1816 en dirección a Suiza, y no volvió a pisar su país. Shelley, Mary y Claire partieron a principios de mayo. Con ellos iba el pequeño William, el segundo hijo de Percy y Mary, que había nacido en enero de 1816 y en aquel tiempo tenía cuatro meses. Es cierto que Byron vivía en la villa Diodatti con su médico particular, John Polidori, pero el grupo de Shelley alquiló su propia casa, que no estaba lejos.

Es cierto que Claire esperaba que su relación con Byron se formalizase, cosa que no sucedió. Es cierto que en este tiempo, en junio, Claire descubrió que estaba embarazada de Byron. Pero fue Percy quien inicialmente se comprometió a ayudar a Claire económicamente durante su embarazo. Tampoco es cierto que Byron no quisiera saber nada del bebé. Acordaron que una vez que naciera el bebé, se criaría con Byron.

Es cierto que Mary y Claire pasaron buena parte del verano haciendo copias manuscritas de los poemas de Byron. No es cierto, como aparece en la película, que Percy pasase el verano emborrachándose en villa Diodatti. La famosa noche lluviosa del 16 de junio en que Byron sugirió que cada uno de ellos escribiese una historia de fantasmas, el grupo había estado leyendo historias alemanas de fantasmas. Continuamente estaban leyendo y escribiendo. En este verano Byron y Shelley escribieron obras extraordinarias que pasarían a la historia de la literatura. No hay constancia biográfica alguna de juergas etílicas de ningún tipo. Pocas noches después, Mary tuvo el sueño a partir del cual se le reveló la historia del monstruo de Frankenstein. En este momento lo que más pesaba en su conciencia era el rechazo de su padre y el ostracismo social vivido en Londres, que les había llevado a regresar al continente europeo.

En julio de 1816, poco después del sueño de Mary, ella y Claire visitaron el glaciar de Chamonix. Este es el lugar en el que el doctor Frankenstein se encuentra con su monstruo. Las palabras del monstruo son: “Tú, mi creador, me odias y me rechazas, a mí que soy tu criatura, a quien estás unido por lazos sólo indisolubles mediante la aniquilación de uno de nosotros dos.” No parece que estas palabras pudieran haber estado inspiradas en la infidelidad de Percy, sino en el rechazo de Godwin, el padre de Mary, que en este momento aún seguía apartado de ella, rechazando toda comunicación.

Es por esto que la teoría que presenta la película de Haifaa Al-Mansour está basada en una negligencia interpretativa, y es excesivamente perniciosa para la imagen de Percy B. Shelley. Mary sufrió por su condición de mujer libre, pero no a manos de su pareja, sino de su padre, y de la sociedad londinense de la Regencia por extensión. Hay un poderoso mensaje feminista en la vida de Mary Shelley, pero no se reduce, de ninguna manera, a la puritana interpretación de Haifaa Al-Mansour y Emma Jensen de una mujer atribulada por las infidelidades de los hombres. El reproche del monstruo a su creador, al que pide que se responsabilice por su existencia, es el reproche de Mary a su padre por rechazar todo contacto con ella después de la huida de ésta con Percy. No en vano, el libro está dedicado a Godwin, precisamente.

Mary estuvo escribiendo durante la segunda parte de 1816 y la primavera de 1817. Al regresar a Inglaterra, el grupo se asentó en la ciudad de Bath, debido a que debían ocultar el embarazo de Claire. Fue en este tiempo cuando Shelley dejó de ayudar económicamente a Godwin – que seguía sin hablarles aunque aceptaba el dinero de Percy –. Mientras, Fanny, la melancólica medio hermana de Mary, que había permanecido angustiada y sola con Godwin y con su madrastra en Skinner Street todo este tiempo, hizo un intento de conectar con Mary y Percy en Bath. Probablemente se encontró con Percy en la estación, pero no se quedó en Bath. Prosiguió su viaje hasta Swansea, donde se suicidó con una sobredosis de láudano. Pero ya sabemos que Fanny no existe en la película.

Un mes más tarde, el 9 de noviembre de 1816, Harriet Shelley se suicidó en el Serpentine, el estanque de Hyde Park. Ni siquiera este dato es trasladado fielmente en la película. En la película, Percy se entera del suicido de su esposa en la villa Diodatti, cinco meses antes, profundamente borracho a la hora del desayuno. No hay constancia, como ya he dicho antes, de que Percy fuera un bebedor. Pero resulta especialmente extraño que ni siquiera se respete el hecho de que Harriet se suicidase en el conocido estanque de Hyde Park. En la película Percy dice que se ahogó en “las sucias aguas de Battersea.” Parece que se haya tratado de hacer uso de cada oportunidad por afear la historia verdadera de Percy B. Shelley.

El caso es que, ahora que Shelley era un viudo, tenía la posibilidad legal de casarse con Mary, y así lo hicieron al mes siguiente del triste suicido de Harriet, a finales de diciembre de 1816. Curiosamente, a partir de la boda, Godwin retomó la relación con Percy y Mary. Pero el germen de la idea de la novela de ‘Frankenstein,’ ya se había desarrollado en la mente de Mary. Sin embargo, en la película, se falsea mucho esta parte de la historia. Se sugiere que mientras Mary escribía la novela se habría producido una separación entre Percy y ella. Esto no tiene ninguna base en la realidad. Nunca estuvieron separados por propia voluntad. Después de la buena acogida de la novela de Mary, en la película, Percy regresa con ella para casarse. Esto hace parecer a Percy como un oportunista que solo valora a Mary después de que haya conseguido el éxito. Lo cierto es que siempre creyó en el talento de Mary, que nunca se separó de su lado, que se casaron tan pronto como Harriet se suicidó, y que Percy acompañó constantemente a Mary mientras esta escribía su obra maestra.

También resulta muy ofensiva, y no tiene base alguna en la realidad, la escena en la que Percy parece no entender la novela de Mary y criticarla. “El protagonista debería ser un ángel, no un monstruo,” es la banalidad que las guionistas del film pusieron en la boca del pobre Percy, presentándole como un inepto incapaz de comprender el genio de Mary.

En la película el manuscrito de la novela es rechazado por varias editoriales. Esto fue cierto. Incluso los editores de Percy la rechazaron. Pero es falso que Mary se presentase ella misma personalmente con su manuscrito en las editoriales. Esto habría sido muy atrevido en una mujer de su tiempo. Fue Percy quien negoció la publicación con Lackington en el verano de 1817.

El 2 de septiembre de 1817 nació Clara, la hija de Percy y Mary que en la película había nacido en 1815, cuando en realidad en 1815 había nacido una niña prematura que falleció por ser prematura, no debido a la irresponsabilidad de Percy. Sin embargo Clara fallecería en la infancia, en Italia, y es cierto que durante un tiempo Mary culpó a Percy de la tragedia, pero las circunstancias fueron muy distintas de como se presentan en la película.

En ese mes Percy escribió el prefacio a ‘Frankenstein.’ Es falso, pues, que hubiesen estado separados durante el periodo en que Mary sacó a la luz la novela. Seguían juntos y tenían ya dos hijos, y estaban casados. En la película ni tienen hijos ni están casados, y encima están separados, para dar la imagen de que Mary era una trabajadora autosuficiente que se encaminaba de editorial en editorial por sí misma con su manuscrito, algo que convienen al falso tono feminista de la película de Haifaa Al-Mansour.

En la película, Percy es totalmente ajeno al proceso de escritura de ‘Frankenstein.’ En la realidad estuvo muy involucrado. Mary le cedió la tarea de corregir las pruebas de la imprenta a su voluntad. Es falso que Mary tuviera 18 años cuando publicó Frankenstein, el 1 de enero de 1818. Tenía 20. Es cierto que Mary adquirió notoriedad por la publicación de su novela, pero nunca, a lo largo de su vida, recuperó la reputación que había perdido por unirse a Shelley estando éste casado.

Al poco tiempo Shelley, Mary y Claire se trasladaron a Italia. Fue allí donde falleció la pequeña Clara, y es cierto que Mary culpó a Percy por lo sucedido, y en aquella historia algo tuvo que ver Claire, y Mary se distanció de Percy, aunque nunca llegaron a vivir separados o a dejar de amarse. Pero la infidelidad con Claire se había convertido en un problema. Sin embargo, estas desavenencias tuvieron lugar en Italia, en una fecha posterior a la publicación de ‘Frankenstein,’ y no pudieron haber influenciado la tragedia del monstruo, tal y como falsamente se sugiere en la película.

Finalmente, en la película se hace hincapié en el tema de la solidaridad de Mary con Claire, a la que Mary consideraría como una “pobre víctima” de la lujuria de los hombres. Esto tampoco es nada exacto. En realidad Mary culpó a Claire de buena parte de su infelicidad, y después del fallecimiento de Percy en 1922, no quiso retomar el contacto con ella durante el resto de su vida. Claire acabaría emigrando a Rusia para trabajar como institutriz, y vivió sola allí hasta una edad avanzada.

En los créditos al final de la película aparece una cita curiosa, teniendo en cuenta que se basa en personajes históricos: “Los personajes representados en esta película son ficticios, y cualquier similaridad con la historia de cualquier persona real es pura coincidencia.” Por una vez han dicho la verdad.

Entre la atrocidad y el amor

Elvira Navarro - Los últimos días de Adelaida García Morales

En la polémica en torno a la publicación de Los últimos días de Adelaida García Morales (2016) por Elvira Navarro, esta valiente autora ha sido más que injustamente tratada. La acusación vertida por Víctor Erice en Babelia (El País), en el tristemente famoso artículo “Una vida robada,” por la que éste echa en cara a Elvira Navarro que no haya respetado los límites entre la realidad y la ficción, utilizando la identidad de su fallecida exmujer la escritora Adelaida García Morales en su libro, no tiene sentido a la luz de lo afirmado por Carlos Pardo en el artículo, también publicado en El País, de Maribel Marín, “La ficción también duele:

“Nadie pidió a Mörike en su Mozart de camino a Praga ni a Büchner en la obra maestra Lenz que se documentaran ni que preguntaran a la familia.”

Y, más adelante, en las palabras de Javier Cercas:

“Tolstói no le pidió permiso a Napoleón para meterlo en Guerra y paz, Shakespeare mete todo lo que quiere…”

Un célebre ejemplo reciente del uso de personajes reales como punto de partida para la elaboración de una obra de ficción es la exitosa y ampliamente subjetiva novela de Julian Barnes inspirada en Dmitri Shostakóvich, El ruido del tiempo (2016).

Y, curiosamente, el propio Erice ha recurrido a la obra de Orson Welles para promocionar sus talleres de cine “Rosebud” a los que se puede acceder en su página web https://www.rosebudtalleresdecine.com/, y no creemos que haya tenido la deferencia de consultar a la familia y amigos del célebre cineasta norteamericano.

Vemos, por lo tanto, que la realidad es y ha sido una fuente constante de elementos en base a los cuales desarrollar productos artísticos, aunque en el caso de los talleres de cine de Víctor Erice, el uso que hace de la palabra Rosebud es meramente comercial.

Elvira Navarro - Los últimos días de Adelaida García Morales2

En la argumentación de Víctor Erice, éste resalta que Elvira Navarro se refugia detrás de los personajes de su obra – “una suerte de burladero intelectual,” dice él – que tienen el objetivo de “resguardarla de los riesgos que entraña pisar el ruedo.” Parece que el cineasta la pretenda acusar, con su lenguaje enrevesado, de utilizar la ficción para perpetrar una difamación sobre su persona y la de Adelaida García Morales: “me preocupaba que el libro de Navarro incurriera en un uso vano de nuestros nombres,” dice en la primera parte del artículo. Y también dice: “Tras la lectura pude comprobar que Navarro me hace irrumpir en su texto en más de una ocasión, aludiendo no sólo a mi condición de director de la película El Sur, sino también como expareja de Adelaida.” Sin embargo, en ningún caso hace mención de su derecho a acudir a los tribunales para reparar los posibles daños a su imagen y/o a la de su exmujer. Lo que sí deja caer es su convicción de que Elvira Navarro habría utilizado el nombre y la identidad de Adelaida García Morales con fines publicitarios y lucrativos, rehusando dar a su libro el nombre, dice Erice, por poner un ejemplo, de Los últimos días de Paquita Martínez.

El caso es que Víctor Erice confirma por sí mismo que la anécdota de la que parte Elvira Navarro para la elaboración de su obra es real: “lo único real que contenía el texto era una anécdota protagonizada por Adelaida pocos días antes de morir, según la cual había acudido a la Delegación de Igualdad del Ayuntamiento de Dos Hermanas pidiendo 50 euros para poder ir a ver a su hijo en Madrid.” El lenguaje empleado por Erice en este momento también se presta a los equívocos. Dice que la anécdota es “lo único real,” pero también afirma que “según” esa anécdota Adelaida García Morales había acudido a dicho ayuntamiento para pedir dinero, un uso del lenguaje que arroja sombras sobre la veracidad de la misma anécdota que se acaba de describir como “real.”

Sin embargo parece en mi opinión perfectamente legítimo que una escritora que se confiesa gran admiradora de otra escritora de una generación anterior, decida tomar la pluma y dejar discurrir su inspiración creativa para acercar la figura de ésta a un público contemporáneo que por obra y gracia de la total pasividad de las entidades culturales y de la crítica literaria del país, apenas la conocía, y esto parece especialmente grave teniendo en cuenta la excelente calidad literaria de su obra.

Hubo una reacción contra Elvira Navarro en las redes sociales a raíz de la publicación del artículo acusador de Víctor Erice, pero dudo que todos los ofendidos se hubiesen siquiera leído la obra de Navarro, pues si lo hubieran hecho habrían comprobado que la crítica de Erice no se sostiene. Para cualquier lector mínimamente cualificado resulta fácil distinguir los elementos reales de los ficticios en Los últimos días de Adelaida García Morales. La anécdota protagonizada por la autora en el ayuntamiento de Dos Hermanas en los últimos días de su vida ya ha declarado el propio Erice ser cierta (o eso creemos). Sacando esa anécdota, todo lo demás referido a Adelaida García Morales es claramente ficticio, a no ser que el lector crea posible que García Morales fuese visitada por un sátiro llamado Adam que la empujaba a realizar rituales con los que ultrajar a la Virgen en el cementerio de su localidad. A todas luces, todo esto es una recreación imaginativa con tintes góticos y claramente irreales.

El caso es que en esta parte ficticia de la narración es donde Elvira Navarro alcanza, a partir de sucesos enteramente imaginativos, a expresar una verdad – y una crítica – más patente y más profunda. El sátiro, representante de la lascivia masculina – recordemos que un sátiro es una figura mitológica con cabeza y torso de hombre y la parte inferior del cuerpo de macho cabrío – curiosamente se llama Adam, como el primer hombre de la Creación, y es aquí cuando resuena la crítica feminista en el libro de Navarro. Víctor Erice ha manifestado sentirse ofendido por la portada del libro de Navarro, en la que se muestra un retrato coloreado que él realizó a Adelaida. No es para menos, junto a esta fotografía, que reposa sobre una mesa, hay dos libros, y en la portada de uno de ellos podemos leer claramente el nombre de la escritora norteamericana Siri Hustdvet, la esposa de Paul Auster, que ha presentado recientemente su libro de ensayos La mujer que mira al hombre que mira a las mujeres (2017), una perspectiva feminista sobre el mundo del arte, y que utilizó su novela Un mundo deslumbrante (2014) como catarsis de su frustración por el escaso reconocimiento a su obra, cuya repercusión en los medios según Hustdvet se ha visto disminuida por el hecho de ser ella la esposa de Paul Auster.

Y bien, quizás Elvira Navarro también crea, podemos deducir por su elección de portada, que Adelaida García Morales vio el reconocimiento a su obra ensombrecido por el prestigio y la notoriedad de su marido Víctor Erice, y, a pesar de que la propia Navarro rehúse hablar de literatura femenina o de los valores femeninos en la obra de García Morales, su principal cometido con Los últimos días de Adelaida García Morales parece ser la realización de una crítica feminista del desgraciado destino, literario y personal, de tan excelsa escritora. Y es en este contexto cuando especialmente duele que en su artículo “Una vida robada,” Víctor Erice describa a su fallecida exmujer con las siguientes palabras: “Logró cierta fama literaria, aunque efímera.” Parece que Elvira Navarro hubiera pretendido, ante semejante falta de entusiasmo, no sólo homenajear a la autora extremeña, como ella misma ha declarado, sino también traerla a la atención de las nuevas generaciones de lectores, aquellos que éramos niños cuando El Sur seguido de Bene y El silencio de las sirenas salieron a la luz y que por lo tanto no pudimos llegar a conocer a esta escritora en los años oscuros, con escasa repercusión mediática a pesar de que siguió trabajando, que siguieron a su divorcio.

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Elvira Navarro se fija en dos escenas principales de la película en las que la adaptación del relato chirría especialmente. El personaje de la concejala de Cultura del ayuntamiento, a través de quien se vertebra parte de la narración en la primera parte del libro, siente remordimientos tras el fallecimiento de Adelaida García Morales por no haberle gestionado bien la ayuda, y decide leer su relato más famoso, El Sur, y ver la película de Víctor Erice con el fin de ayudarse a tomar una decisión sobre el probable homenaje que piensa que podría organizar desde su puesto en la concejalía de Cultura. Es ilustrativo que sea la concejala de Igualdad la que ve como la cara oculta de su conciencia. La tensión entre las concejalías de Cultura e Igualdad en el ayuntamiento de la historia podría verse como una representación de la base crítica del libro de Navarro: el rango inferior otorgado a las mujeres en el ámbito cultural aún en nuestros días se encontraría en parte detrás del ostracismo sufrido por García Morales a lo largo de su carrera – inexplicable a tenor de la extraordinaria calidad literaria de su obra en nuestro panorama narrativo y del nivel del auto-exigencia de la escritora – pero especialmente desde su divorcio y su caída progresiva en la depresión.

A la concejala le produce asco la “deriva incestuosa” de la película, que comienza a manifestarse más claramente en las escenas que describen la primera comunión de Estrella, especialmente en ese pasodoble que su padre baila con ella, al tiempo que el personaje de Rafaela Aparicio (que no aparece en el libro) no deja de repetirle a Estrella que con su vestido de comunión parece “una novia.” El tono de la descripción de la primera comunión en el libro de Adelaida García Morales es bien distinto. El padre no se va a las colinas colindantes a disparar tiros para manifestar su hombría. En el libro la niña, Adriana, lejos de quedar sometida al padre a través del ritual de emparejamiento que supone bailar el pasodoble juntos, escena, que, como he dicho, no tiene lugar en el libro, tiene un arrebato místico en la iglesia. El amor entre ambos es, en este momento, puro. Cuando ve que el padre se ha acercado a la iglesia a pesar de ir en contra de sus ideas, se dispone a realizar un sacrificio ante Dios por amor hacia su padre:

“No te habías preparado como para una fiesta. Pero a mí eso no me importó, pues, viéndote en aquella penumbra que te envolvía, me pareció que soportabas una especie de maldición. Por primera vez temí que pudieras condenarte de verdad. Entonces, cansada ya de tantos padrenuestros inútiles como había rezado por ti, se me ocurrió hacer un trato con Dios. Le ofrecí mi vida a cambio de tu salvación. Yo moriría antes de cumplir los diez años: si no era así, significaría que nadie me había escuchado en aquellos momentos.”

No se dice en el libro de Adriana que parece “una novia” cuando hace la primera comunión. Eso sí, su padre le dice “Pareces una reina.” La vinculación de Adriana con un don especial, tal como el regio, no termina aquí. En dos escenas que aparecen en el libro pero que no fueron introducidas en la película Adriana emula a Juana de Arco. Tiene una amiga de su edad que se convierte en blanco de su hostilidad, Mari-Nieves, y en sendas ocasiones la ataca, la segunda de ellas después del convite de su primera comunión: “Yo llevaba puesto mi vestido blanco de reina. Esta vez me sabía llena de razón.” La fortaleza interior de Adriana es así proyectada agresivamente hacia el exterior; es la misma fortaleza con la que superará el deseo de su padre de someterla, lo que acaba provocando el suicidio de éste quizás en mayor medida que su fallida relación con Gloria Valle / Irene Ríos.

La representación de la otra mujer que el padre de Adriana amó es quizás otro de los puntos en que hay una divergencia importante entre el libro y la película. Este personaje incluso adquiere un nombre diferente en el film: Irene Ríos, que en realidad es el nombre artístico de la mujer, que es actriz. Las escenas de la película en que aparecen Irene Ríos – una película dentro de la película –, el cine Arcadia y el café Oriental son enteramente la invención de Víctor Erice, y su resultado es bastante desigual.

En el libro no hay una visita de la abuela y su criada, sino que la abuela enferma y los padres de Adriana van a Sevilla a acompañarla en su muerte. Es allí que el romance del padre con Gloria Valle revive o quizás sale a la luz; podemos suponer que se encontrase con ella allí, ya que era vecina de la casa familiar. Adriana percibe el cambio a su regreso: “Supe que en tu vida había existido otra mujer.” Gloria Valle les envía cartas a casa que la madre destruye. Al comprobar el estado de postración en que se haya su padre, la imagen de éste que tiene Adriana se altera: “Te vi envejecido y, al mismo tiempo, desvalido como un niño.” Es entonces cuando empieza a comprender que ella también puede sobreponerse a él, siguiendo el ejemplo de Gloria Valle.

La historia en la película es bien distinta. Mientras que en el libro Gloria Valle es una mujer angelical que el padre conoció en un baile de disfraces cuando ambos tenían quince años: él iba vestido de don Juan con una careta de diablo (recordemos a Adam, el sátiro que asalta a Adelaida García Morales en el libro de Elvira Navarro) y ella iba vestida de Doña Inés. He aquí otra imagen, muy poderosa, de la pureza femenina frente a la lascivia diabólica del hombre. Pero nada de esto es representado en la película de Erice, en la que Gloria Valle pierde los atributos trascendentales de su nombre (Gloria) y pasa a adquirir el lascivo, por húmedo, apellido Ríos. Irene Ríos no es una Doña Inés angelical sino una actriz de segunda a la que suelen dar papeles de mujer fatal. Con estas modificaciones en el guion Víctor Erice se permite hacer su homenaje particular al mundo del cine; Irene Ríos incluso aparece cantando el clásico tema, Blue Moon, que hizo famoso Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes (1961), un momento de la película en el que Erice no le importó hacer uso de la propiedad intelectual ajena. En todo caso, vemos como la historia de El Sur pierde los atributos místicos de que goza la representación del amor en el proceso de adaptación al cine.

Otro ejemplo de la deriva lasciva de la película está en la importante escena en la que Adriana se esconde debajo de la cama durante varias horas. Dice Adriana:

“Un día decidí escapar a tus ojos, aunque me quedara en casa. Quizás con mi fingida desaparición deseara descubrir en ti una necesidad desesperada de encontrarme. Así que me escondí debajo de una cama. Me armé de paciencia, dispuesta a no salir de allí en mucho tiempo.”

Vemos que la decisión de Adriana de esconderse es una manera de llamar la atención de su padre, que está ahora sumido en la melancolía que le produce el recuerdo de Gloria Valle. En la película el padre golpea rítmicamente el suelo de su estudio en el ático con el bastón, al tiempo que la niña llora. Mientras se desarrolla este juego licencioso, la madre acaba finalmente encontrando a Adriana debajo de la cama, y en ese momento le pregunta por qué llora, a lo que Adriana responde con una contundente exclamación: “¡Porque me gusta!” El equívoco sobre el posible placer que la niña derivaría de la sonoridad rítmica de los golpes del bastón del padre no aparece en el libro, pues en el libro no existe tal bastón. Sí que hay un momento bastante anterior en el que, en una escena en un contexto totalmente diferente, Adriana contesta “¡Porque me gusta!” a la pregunta de su madre de por qué llora. Pero en esa escena la niña llora porque la madre es distante con ella, y no interviene el padre en absoluto: “¡No la quiero porque ella tampoco me quiere a mí!,” había exclamado Adriana con anterioridad.

Podemos ver que mientras que la niña sufre un cierto proceso de perversión en la película, en el libro su pureza se mantiene intacta. Es demasiado lista para dejarse someter, y de hecho las escenas finales que tienen lugar en Sevilla cuando conoce a su medio hermano Miguel demuestran el grado de dominio que ha adquirido sobre el sexo opuesto, pues es capaz de encandilar al chico desde el conocimiento de que éste está condenado a sentirse decepcionado.

Cuando visita la casa familiar de su padre en Sevilla después del suicidio de éste hay una imagen por la que nos queda claro que Adriana es responsable del suicidio de su padre:

“Por primera vez me dirigía a la que había sido tu habitación. En ella, un escarabajo de noche se hacía el muerto. Había quedado rezagado y, sin darme cuenta, lo pisé. El leve crujido de su cuerpo me provocó una repugnancia sin límites y una lástima absurda.”

Es así como sabemos que además de sentir lástima por su padre, Adriana ha terminado por sentir repugnancia ante el interés de éste por ella, que se hace explícito cuando ella es adolescente, a través de los suspiros y quejidos de éste en la noche, y únicamente de esta manera, pero no cuando es niña.

Sin embargo, la niña Estrella es una niña sometida sexualmente en el film. Cuando crece, papel que interpreta con mucha gracia Icíar Bollaín, vemos que su interés por su padre ha pasado, pero en la película esto se relaciona con que ella ha encontrado un sustituto, el Carioco. Ni qué decir tiene que el Carioco no aparece en el libro. Hay un chico, Fernando, con el que la Adriana adolescente camina a veces y que despierta celos furibundos en el padre, lo que propicia su suicidio, pero el papel de este Fernando es mínimo, no llega en realidad a ocupar el rango de sustituto, y además en seguida se va del pueblo, mientras que al final de la película podemos asumir que la relación entre Adriana y el Carioco ha progresado.

La concejala de Cultura se siente especialmente molesta por la escena del padre charlando con la hija tras la comida en el Gran Hotel. La escena que se corresponde con ésta en el libro tiene lugar en el jardín de la casa. El restaurante del Gran Hotel nos sugiere una cita romántica un tanto decadente, un intento de seducción desesperado, que se ve incrementado por el hecho de que en un salón contiguo se celebre una boda cuyos novios acaban bailando el mismo pasodoble de la primera comunión de Adriana. En el libro la cita final tiene lugar en el jardín de la casa, el lugar en el que padre e hija jugaban con el péndulo en aquellos momentos idílicos del pasado, cuando su relación era completa. En esta cita en el jardín Adriana pregunta al padre por el secreto de Gloria Valle, al tiempo que en la cita en el restaurante Estrella interroga al padre sobre Irene Ríos. “¿Es ese el motivo de tu sufrimiento?” pregunta una Adriana ya madura y compasiva. El padre responde con estoicismo: “Mira, el sufrimiento peor es el que no tiene un motivo determinado. Viene de todas partes y de nada en particular. Es como si no tuviera rostro.” Una escena muy distinta tiene lugar en el restaurante del Gran Hotel entre Estrella y su padre, en la que el padre se emborracha. Estrella le pregunta quién era Irene Ríos, y el padre niega haberla conocido. Después de que el padre va al baño, Estrella dice que tiene que irse. El padre le pide que no vaya a clase. Parece que quisiera consumar su relación. “No te entiendo,” dice Estrella. Entonces el padre suelta una frase fatal: “Y cuando eras así de pequeña, ¿tampoco me entendías?” A continuación suena el pasodoble de la comunión.

En la película por tanto el padre termina por hacer su perversión de su hija explícita. En el libro no existe tal perversión, sino que hay un estado de enamoramiento platónico entre hija y padre que la hija supera sin llegar a corromperse, logrando crecer como mujer y mantener en su espíritu la nostalgia del romance imposible con su progenitor más allá de la muerte de éste.

Ferrol

25 de agosto de 2017