un canto a la fantasía y a su pérdida

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Ana María Matute, Paraíso inhabitado, 2008

Adriana, ya desde la perspectiva de lo que parece ser una serena madurez, nos relata la historia de su infancia y de cómo ésta llegó a su fin gracias al rito de iniciación en la vida adulta que supuso su amistad con el Niño de los bucles dorados, el hijo de la bailarina rusa, que vivía con su criado Teo en el piso debajo del terrado. Aislada en su hogar de sus hermanos mayores, ya crecidos, y de sus padres, inmersos en una separación matrimonial, Adri recurre a la riqueza de su mundo interior, frecuentemente alimentado por las historias de las dos criadas, Tata María e Isabel, en la zona “innoble” de la casa, la que tiene el suelo sin encerar, en la que habitualmente pasan su tiempo los miembros del servicio, y que tiene su corazón en la cocina.

Su secreto pasatiempo consiste en escabullirse de la cama por las noches y arrastrarse hasta el salón, donde, refugiada bajo un sofá, intenta descifrar el lenguaje secreto que utilizan los destelleantes cristales de las lámparas, que reflejan la luz de las farolas de la calle. Es allí que un día descubre la huida del Unicornio del tapiz, una noche de otoño de su primera infancia en que oyó crepitar las hojas caídas bajo las pezuñas del Unicornio. “Todavía no había estado aún en un bosque, y, sin embargo, lo presentí…” (p. 16). En los cuentos de Andersen había aprendido que los objetos de la casa despiertan en la noche, y, al abrigo del silencio y de la oscuridad, ella intenta iniciarse en este lenguaje mágico de las cosas.

Para ella es imperioso descubrir este nuevo lenguaje que sustituya al lenguaje tramposo de los adultos, a los que ella llama Gigantes, que se revela como una estafa cuando empieza a ir al colegio y comprueba que la realidad no es como se la habían contado. Su madre y las monjas consideran a su hermana Cristina como el modelo de comportamiento. Pero Adri no quiere ser como las otras personas, sino descubrirse a ella misma, desarrollar su propia originalidad, y de ahí nace su espíritu de rebeldía.

La tía Eduarda, la hermana de mamá, que vive en un viejo castillo en el norte, parece ser la única que es capaz de comprenderla, y la simpatía de Adri hacia su tía crece todavía más cuando ésta le habla de la rama normanda de la familia, a la que, dice, salta a la vista que Adri, que no es como sus hermanos, pertenece.

Pero antes de realizar el tan deseado viaje al castillo de Eduarda en el norte, que su tía le promete, Adri deberá superar una dura enfermedad y entablar una profunda y misteriosa amistad con Gavrila, un niño tan sabio que parece venido de otro mundo, el Niño que vive debajo del piso del terrado, que le promete enseñarle a volar cuando llegue la primavera, y con el que comparte sus primeras horas de felicidad mientras hojean libros de cuentos favoritos como el de «El Rey Cuervo», del que nunca quieren leer el último capítulo.

Mientras ambos van creciendo a pasos agigantados, —y al tiempo que el clima de convivencia en la ciudad se va enrareciendo en lo que son los prolegómenos de la guerra civil española— cuando llega la primavera el Niño cumple su promesa de mostrarle los secretos de la ventana que mira al cielo en la terraza de su casa, pero en la Noche Mágica de San Juan un traumático acontecimiento pondrá el fin definitivo a la infancia de Adri. Es sólo entonces, cuando el espíritu de rebelión aprendido de su amigo Gavrila ya se ha fortalecido en su interior, que Adri habrá crecido lo suficiente para poder viajar finalmente con su tía Eduarda al castillo de ésta en el norte. Pero ésa ya es una historia que, por desgracia, no tiene cabida en este mágico libro.

regreso al suspense

Tu nombre después de la lluvia y un par de rebanadas de tea loaf con mantequilla
Victoria Álvarez, Tu nombre después de la lluvia, 2014.

El año es 1903, el lugar Oxford, la ciudad de las agujas de ensueño, y los protagonistas el profesor Alexander Quills, —un investigador de la realidad paranormal, que ha tenido que abandonar su cátedra de Física Energética en la universidad, y que acaba de dar una exitosa conferencia en la británica Sociedad de Investigaciones Psíquicas sobre las máquinas que ha construido con inquietante propósito de detectar la presencia de criaturas sobrenaturales—, su amigo el joven huérfano y brillante estudiante de lenguas antiguas en el Balliol College Oliver Saunders, que está trabajando en la redacción de un diccionario de proverbios latinos, y por último, aunque no menos importante, el señor Lionel Lennox, un aventurero con grandes dotes de seducción que se gana la vida comerciando en el mercado negro de las obras de arte, lo que le lleva a no arredrarse ante la necesidad de rescatar tesoros arqueológicos de las tumbas que asalta si se presenta la ocasión, como es el caso de su fallido intento de sustracción del afamado espejo de la princesa Nefernefernura, hija del faraón Akenatón y de la reina Nefertiti, de la XVIII dinastía de Egipto.

Los tres amigos han creado la revista sobre sucesos sobrenaturales Dreaming Spires, que no atraviesa su mejor momento, pero cuando el profesor Quills recibe una misteriosa misiva desde Irlanda que reclama su presencia en un pueblecito cercano a Dublín en el que se ha producido una misteriosa muerte, intuye que han encontrado el caso que revivirá su publicación, pues el pueblo entero teme que quien ha acabado con la vida de su querido vecino Fearchar MacConnal es nada menos que una banshee, la que ronda el castillo de las últimas dos supervivientes del clan de los O’Laoire, la distante Rhiannon y su extraña joven hija Ailish.

Una vez en Kilcurling, los tres amigos ingleses entablan amistad con la familia que regenta el pub local, The Golden Pot, un hombre viudo y sus dos hijas, la mayor de las cuales, Jemima, también trabaja como doncella en el castillo de las O’Laoire junto al acantilado, para acceder al cual hay que atravesar el cementerio del pueblo, que se extiende todo a lo largo de la colina junto al mar. Pero Rhiannon O’Laoire se opone frontalmente a que los tres ingleses investiguen la existencia de la banshee en su propiedad. Los problemas económicos que les afectan a ella y a su hija le hacen considerar la necesidad de poner en venta del castillo, y no desea que se acrecienten los rumores. Entonces el profesor Quills tiene una brillante idea. Escribirán un artículo en su revista Dreaming Spires sobre el castillo, mencionando que tiene su propia banshee y que está en venta, pero no la muerte de McConnal, y seguramente les lloverán las ofertas. Así sucede, y la señora O’Laoire invita a tres posibles compradores a visitar la propiedad y discutir el precio de la venta. Un lluvioso día de finales de invierno llegan a Maor Cladaich los tres intrépidos candidatos a hacerse con el castillo: Delancey, un empresario irlandés que se enriqueció con el comercio de ovejas en Australia, don Reginald Archer, el dueño de una importante cadena hotelera americana, y la subyugante señorita Stirling, que viene en representación de un joven príncipe húngaro, Konstantin Dragomirásky, descendiente de la casa de Luxemburgo. Pero antes de que llegue el nuevo día, la banshee se habrá aparecido y uno de ellos habrá muerto en los jardines del castillo.

Las banshees son unas criaturas sobrenaturales del folclore irlandés de las que se cuenta que estaban asociadas a determinados clanes familiares de la isla y que con sus desgarradores cantos anunciaban la muerte de cada uno de los miembros del clan. Es de notar la coincidencia que tiene lugar al suceder que uno de los interesados en la compra del castillo irlandés sea un príncipe húngaro de la casa de Luxemburgo, pues esta familia noble cuenta con una figura muy parecida a las banshees en su leyenda. Se trata de Melusina, la mujer serpiente que con sus sollozos anunciaba a los oídos de las mujeres del clan que tenían el don de escucharla, la muerte de cada uno de los miembros del mismo.

Se trata de una novela muy recomendable para todos aquellos lectores que amen las tramas de misterio y aventuras. El argumento narrativo es ágil, los misterios se suceden y cada evento suscita nuevas preguntas. Los diálogos marcan el desarrollo de la acción e inciden en la caracterización de los protagonistas. Además, no falta el buen humor, bastante español, curiosamente, en una novela de estilo gótico, y el pulso narrativo es contundente. Los aspectos fundamentales de la historia son resueltos al final, pero éste queda abierto a una posible continuidad de las aventuras que viven los personajes, lo cual sería bastante deseable, y ojalá esta ilusionante joven escritora no deje de contribuir más volúmenes a lo que podría ser una atrayente saga de misterio.